Genealogía

Ya que en la última entrada me surgió hablar de un asunto genealógico de mi padre, voy a entrar en esta afición que es la genealogía y que me viene precisamente de él, aunque podría no venir como no vino la caza (y mira que lo intentó).

Desconozco los motivos por los que mi padre se interesó tanto por su familia (al igual que su hermana mayor, mi tía Tiki, grandísima conocedora de los intríngulis de la familia), pero me podría aventurar diciendo que vengo de una familia a la que fácilmente se le sigue la pista, o por lo menos a una gran parte de ella.

Por parte de madre hay poco que decir, la verdad, ni siquiera mi madre conoce a su familia más allá de sus abuelos y a mi abuela no tuve la ocasión de preguntarle (mis abuelos murieron los dos antes de que yo naciera), por lo que mis conocimientos llegan hasta el nombre de mis bisabuelos.

Sin embargo por parte de padre la cosa es un poco más compleja. Y voy a comenzar por ese pequeño asunto que dejó mi padre sin resolver antes de abandonar este planeta.

Es de todos conocido que Vicente Aleixandre es uno de nuestros Premios Nobel de Literatura, lo que no es tan conocido es que su segundo apellido es Merlo, pues es hijo de Cirilo Aleixandre y Elvira Merlo,

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la cuál es hermana del arquitecto Antonio Merlo García de Pruneda, padre de mi abuelo.

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Es decir, mi abuelo Antonio y Vicente Aleixandre eran primos hermanos. Se puede seguir fácilmente la pista en la web Geneall.net.

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Ahí está mi abuelo, Antonio Merlo Romero para servirles. Y hasta el punto era de hermanos la relación con su primo que cuando mi abuelo obtuvo la plaza de médico de Miraflores de la Sierra, Vicente compró allí una casa para poder compartir con él tiempo y espacio. Fue tío Vicente por tanto para mi padre toda la vida y así se le ha llamado siempre en mi familia, pero cuando murió mi abuelo se produjo un conflicto.

Un cáncer de pulmón se lo llevaba y – según me contó mi padre, viendo yo ya más que de cerca los cuarenta y porque se lo sonsaqué -, estando ya en su lecho de muerte “pasaba todo el día con la cantinela de Vicente”, en palabras textuales de mi padre. Pero Vicente apareció estando ya mi abuelo muerto.

La escena fue dramática, Vicente entró por lo visto sollozando con grandísimas muestras de dolor a la casa de mis abuelos en la Avenida del Manzanares gritando ¡Antonio, mi Antonio! y en ese momento mi padre, dolido hasta el último rincón del alma con su tío, no pudo reprimirse y le echó de la casa según parece de una forma bastante violenta, diciéndole que no volviera nunca por allí por no haber tenido el valor de venir a ver morir a su primo.

Nunca más mi padre volvió a ver a Vicente. Yo sí le vi una vez que fui a su casa a conocerle, tenía yo unos catorce años, quizá lo cuente en otra ocasión.

El caso es que después de contarme esto mi padre, y siendo alumno de Jodorowsky en asuntos de tarot, me quise tirar del pisto y arreglar psicomágicamente a mi padre este conflicto con nuestro árbol genealógico. Y le propuse hacer un soneto a su tío Vicente.

Mi padre, aunque prefería la prosa y dejó escritos un montón de cuentos para su nieta, nunca tuvo problemas con las rimas, más bien al contrario, se le daba rimar de putísima madre. ¿Pero qué pasó?, que fue absolutamente incapaz de terminarlo jamás. Y no será que no se lo pregunté veces, no hubo manera.

Así pasaron dos cosas, una que quedaron patentes mis dotes de psicomago (si no sabes torear pa qué te metes… al menos no me embarqué en ninguna locura tipo coge una foto, da tres piruetas, caga de costao y restriégate la mierda por el cuerpo untada en la foto a ver si te curas), y la otra que mi padre marchó sabiendo que dejaba este conflicto pendiente. Pero también creo de verdad, o más bien lo sé, que marchó sin rencor, consciente de su responsabilidad y entendiendo en cierta medida esa personalidad surrealista de su tío que no fue capaz de mirar a la muerte de su primo hermano cara a cara.

No sé si el alma de tío Vicente albergaría alguna pena o rencor por aquello pero la alegría que se llevó el día que me conoció fue extrema. Como digo quizá lo cuente por aquí, dará para algunas cuantas letras más.

Elefante pirata

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